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La justicia también es un término escatológico

En el Oficio de la Pasión Francisco habla algunas veces del juez que impone la justicia.  Se trata aquí de la justicia que se les brindará a aquellos que son perseguidos, sacrificados, condenados y colgados injustamente, que son crucificados. Dios está de su lado, en contra de toda la experiencia. La pasión por la justicia vive en aquel que, en vista de todos los sufrimientos terribles en el mundo, se dirige gritando y orando al juez eterno, con la esperanza que éste hará justicia. Este pensamiento lo expresa Francisco en su salmo 6 (cf. OfP 6), o sea en el punto culminante del acontecimiento del Viernes Santo, al la hora de Nona, allí donde toma la ventaja la injusticia y cuando el mundo se llena de oscuridad. También en ese momento se debe reafirmar la seguridad y la esperanza en Dios Padre que es justiciero. El mismo salmo lo reza Francisco como complemento a las Vísperas del Viernes Santo en la Pasión de Cristo (cf. OfP 7). La noche del Viernes Santo se ilumina a la vista de la victoria de Cristo, que nos da una esperanza invencible de que el Justo Juez compensa la injusticia e impone la justicia. Esta justicia esperada ya está presente. Ya se ha mostrado claramente en la resurrección de Cristo, aun en presencia de lo incrédulos (cf. OfP 9,3). Por lo tanto no tenemos que esperar el futuro, sino que podemos celebrar, en la Pascua, la justicia de Dios como algo sucedido. Durante el año Francisco celebra a Jesucristo como aquel del que se difunde la justicia por todos los pueblos (cf. OfP 11,6). Y de esta manera finalmente el anhelo de justicia se convierte en un grito de oración que se repite una y otra vez: „Líbrame y sálvame por tu justicia” (OfP 12,1).

CCFMC, LEcción 23, C 5

1.04.2010