“Nosotros ratificamos la necesidad de la conversión de toda la Iglesia en el sentido de una opción preferencial por los pobres y con miras a una liberación que los abarque a todos.” (cf. Puebla 1134; cf. 1144, 711, 1165).
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Sin embargo los pobres no son considerados como objeto, como hombres y mujeres a los cuales la Iglesia se acerca, o incluso como cosa de la cual ella tiene la responsabilidad. Los pobres mismos son una parte de la nueva fuerza evangelizadora y política. Ellos son el nuevo sujeto en la Iglesia y en la sociedad: personas con fuerza y dignidad propias, con iniciativa y responsabilidad. Ellos se organizan para luchar por sus derechos, y ellos evangelizan, es decir, traen la Buena Nueva de Cristo a la Iglesia: sólo cuando ella se vuelva más pobre, sencilla y profética a favor de los pobres, corresponderá a aquello que Jesús exige de ella (cf. 1 Cor 12; Medellín 2,9; 5,15; 10,2; 12,13; 14,7-10; Puebla 96; 485; 622; 629; 640; 1134; 1142; 1147; 1177; 1309; Santo Domingo 178s.; 296).
CCFMC, Lección 20, C 1.1

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