En un punto de la historia, en la muerte de Jesús en la cruz, está anclada la salvación de todo el mundo. Según Tomás de Celano, esto incluso se convierte en el motivo decisivo del comportamiento misionero de San Francisco: Francisco escogió no vivir para sí solo, sino para Aquel que murió por todos, pues se sabía enviado (1 C 35 = 2 Cor 5,14 sig.). Cuando Dios se entrega por la salvacióndel mundo, entonces el discípulo de Jesús debe también atreverse y arriesgar él mismo su vida: la visión meditativa-mística del crucificado, hace ver al mundo entero.
Quien sigue a Jesús, debe decidirse por las mismas opciones que El y debe compartir su misión. Francisco tomó esa opción literalmente: Su decisión por “el pobre y humilde Cristo”, lo llevó a escoger para él y sus seguidores, la minoridad. Esto tiene consecuencias amplias para aquellos que se deciden por el camino del Señor como sus discípulos: Anunciar la Buena Nueva a los pobres, “hasta los confines de la tierra”, muriendo y resucitando con Cristo. En el contexto mundial actual significa, para los discípulos de Jesús, que siempre deben ponerse del lado de los pobres y oprimidos, como lo hizo Jesús en su tiempo, y aportar al proceso de liberación de los pobres (cf. Lc,18).
CCFMC, Lección 11, C 2.2


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