.
 

Yin-Yang y Trinidad

  
 

J. Wichmann, un escritor de nuestros tiempos, describe en su libro “Regreso de los dioses extraños”, su comprensión personal de dos símbolos:

En escena neorreligiosa, se estima mucho el símbolo Yin-Yang del Taoismo. Este representa la polaridad del Ser. Al contrario de esta polaridad más bien estática, la Trinidad forma por sí misma un círculo de dinamismo - una deidad que danza consigo misma. El símbolo de la Trinidad me da vueltas, toma constantemente nuevas formas y se me hace cada vez más interesante. Me sorprende, que este testimonio de diversidad y dinamismo no tenga mayor acogida entre los teólogos. Que un testimonio tal puede tocar a muchas personas, se ve claramente en la popularidad del círculo asiático Yin - Yang. ¿Por qué no toma ese lugar el símbolo de la. Trinidad, estando éste arraigado en nuestra cultura? Ella es más cambiante y deja vislumbrar mucha mayor diversidad de imágenes. Sobre todo corresponde a una dimensión totalmente diferente de esa interpretación moderna, que despoja del espíritu, del  “dinamismo auto - organizador del universo”, que en algunos círculos de la Nueva era se interpreta como espíritu: el mayor logro de la visión mecánica del mundo, que no sólo niega a Dios, sino que lo ignora. Mejor entonces la Trinidad, en la cual yo entiendo tres aspectos de la divinidad, que hasta ahora no me parecían encajar.

Por un lado está el aspecto del “Padre”, el origen irreconocible, del cual sale todo ser. Luego veo el aspecto del “Hijo” como el lado personal del gran Espíritu, como el lado que está más cercano a nosotros los hombres. La tradición también habla del Cristo como Logos, el cual estaba “al principio con Dios”, del Cristo cósmico. Y el “Espíritu Santo” sería el lado no personal de la razón de ser de Dios, que se nos muestra en el mundo manifiesto y se nos hace vivible como fuerza vital, que todo lo realiza y que es el aspecto energético de Dios. De esta manera puedo vivir “Padre, Hijo y Espíritu Santo” y además entenderlo. Lástima que la tradición nos los entregue en forma de figuras masculinas. Pero creo, y hoy en día está claro, que “Padre” también debe significar “Madre” para estar más allá de cualquier género (sexo). Y que el Espíritu Santo es femenino por su origen hebreo, seguramente entrará también en discusión.

...  La Trinidad como un caleidoscopio divino, un trío infinito, productivo, resaltador y naciente. Por fin he encontrado un símbolo cristiano, que no sólo no se me hace difícil de comprender, sino que ilumina, con muchas posibilidades de entendimiento, mi vivencia espiritual, que no tenía antes... Las tres liebres saltando dentro del círculo simbolizan la dinámica poderosa del los tres...” (J. Wichmann)

CCFMC, Lección 6, D4

 

24.08.2009