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El mundo como convento

 
 

Conviene que recordemos el pasaje en el que el propio Francisco describe su conversión: „El Señor me dio de esta manera, a mí el hermano Francisco, el comenzar a hacer penitencia; en efecto, como estaba en pecados, me parecía muy amargo ver leprosos. Y el Señor mismo me condujo en medio de ellos, y practiqué con ellos la misericordia. Y, al separarme de los mismos, aquello que me parecía amargo, se me tornó en dulzura de alma y cuerpo; y, después de esto, permanecí un poco de tiempo y salí del siglo“ (Test 1).En primer lugar, debemos resaltar el hecho de que Francisco descubre a Dios en el mundo, en el abrazo de un pobre excluido; despreciado y miserable, en brusco choque con la miseria social, que se le presenta en la persona de un leproso. Lo que significa que Francisco rompe con un cierto tipo de „mundo“, el mundo marcado por la exclusión y la crueldad, que seguirá como tal produciendo siempre nuevos „leprosos“. Y luego entra en otro mundo: un mundo marcado por la misericordia que rescata al leproso y lo pone en el centro de la sociedad. Francisco aspira a un mundo que elimine todas las formas de marginación y que permita vivir la experiencia de Dios, tal como ocurre en un auténtico encuentro, en un abrazo, en un beso.

 

CCFMC, Lección 1, C2.2

12.03.2009