E scuchar
Las franciscanas y los franciscanos tienen mucho que decirles a la gente de nuestro tiempo, sobre todo a la sociedad industrial marcada por el consumo que casi no tiene en cuenta el sufrimiento de los millones de hambrientos de todo el mundo. Existen muchos que provocan guerras en vez de brindar paz, que destruyen el medio ambiente en vez de proteger la naturaleza a la cual Francisco le canta tan solemnemente. Está más que todo en ustedes franciscanos el dar respuesta a los problemas actuales de los hombres, educarlos, ver de manera correcta las cosas y por medio de esto desarrollar una conciencia clara y una visión íntima equilibrada sobre nuestro mundo. Reviviendo los valores verdaderamente cristianos, ustedes pueden brindar un gran aporte a la paz y al desarrollo de la humanidad. Como hijos del Santo de la pobreza evangélica, del pacificador, del amigo de la naturaleza, ustedes son los mejores intérpretes del mensaje que Francisco da a la gente de su tiempo, un mensaje, que hasta nuestros días no ha perdido nada de su validez y que con su fuerza constantemente renueva la consciencia de la sociedad.
(Papa Juan Pablo II, Mensaje al Capítulo General de los Hermanos Menores - Conventuales - el día Mayo 28 de 1989)
Orar
San Francisco,
estigmatizado del Monte Alvernia, el mundo tiene nostalgia de ti como ícono del Crucificado.
Necesita tu corazón abierto para Dios y la gente, tus pies heridos, tus manos suplicantes y perforadas.
El mundo anhela tu débil voz, fortalecida por el poder del Evangelio.
Francisco, ayuda a los mujeres y hombres hoy, para que reconozcan el mal del pecado y para que logren su pureza interior por medio de la penitencia.
Ayuda a estas personas a liberarse de las estructuras del mal que oprimen a nuestra sociedad.
Llama a la conciencia de los gobernantes para que busquen la paz entre las naciones y pueblos.
Transmite a los jóvenes la fuerza de tu vida que se aparta de la astucia de las múltiples culturas de la muerte.
Francisco, muéstrales a todos los heridos por el mal, la alegría de tu perdón.
A todos los crucificados por el sufrimiento, el hambre y la guerra, ábreles de nuevo las puertas de la esperanza.
Amén
(Papa Juan Pablo II, La Verna, Capilla de los Estigmas, 17.09.1993).
CCFMC Lección 25, Para Reflexionar

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