da nos hoy nuestra utopía de cada día
Cambiaste la carrera militar por el Camino,
las continuas búsquedas por una opción radical
el grito por el silencio
de la noche cerrada.
Eres grano de trigo perdido
en la orilla del río,
en las encrucijadas
de la utopía francisclariana.
Luchaste por tierra para vivir,
soñaste con vino para todos
y pan como fue tu vida consagrada
y con sudor y gracia repartida,
multiplicada en la divina energía:
todo lo que vale se dona
es ofrenda, gratuidad, Eucaristía.
Señal de contradicción,
de la cruz y de la justicia,
Francisco, signo de esperanza
desde el mundo de los pobres,
resuenas en todo el universo,
cada día, grávido de vida
abriendo el surco melodioso
de la Nueva Alianza.
Paulo Suess
São Paulo, 4.10.2004

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