
"Al encontrarse en presencia de muchas flores,
les predicaba, invitándolas a loar al Señor,
como si gozaran del don de la razón.
Y lo mismo hacia con las mieses y las viñas,
con las piedras y las selvas, y con todo lo bello de los campos,
las aguas de las fuentes, la frondosidad de los huertos,
la tierra y el fuego, el aire y el viento,
invitándoles con ingenua pureza al amor divino
y a una gustosa fidelidad.
En fin, a todas las criaturas las llamaba hermanas,
como quien había llegado a la gloriosa libertad de los hijos de Dios,
y con la agudeza de su corazón penetraba,
de modo eminente y desconocido a los demás,
los secretos de las criaturas." (1 C 81).
CCFMC, Lección 12

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