El Documento del Consejo Plenario de los Hermanos Menores, „El Evangelio nos desafía“ (Salvador, Bahía, Julio de 1983) consagra dos capítulos completos a esta cuestión. La solidaridad, la fraternidad, la colaboración y la unión entre las distintas ramas de la Familia Franciscana de la Primera, Segunda y Tercera Orden constituyen los medios esenciales y más importantes de nuestra misión.
„Al ver la gente a los hermanos, los describían como hombres de Dios, de honesta presencia, rostro sonriente, respeto mutuo, cortesía y amor (cf. 1 Cel 38; Anónimo de Perusa 25). Su misma vida constituía un testimonio del Evangelio. Ellos, no sólo creían y pregonaban, sino, cosa que es tanto más importante, tanto en sus vidas como en la comunión con el pueblo experimentaban los valores del Evangelio de Jesucristo. Si hoy efectivamente queremos proclamar la Buena Noticia, el mundo tendrá primero que descubrir en nosotros aquellos mismos valores que resplandecían en las vida de los primeros hermanos franciscanos“ (Bahía, No. 22).
Las nuevas Constituciones de la Tercera Orden Secular (OFS) dicen en su Art. 89 que „en virtud de las relaciones vivas y recíprocas entre religiosos y laicos en la Familia Franciscana y gracias a la responsabilidad de los superiores mayores“ la asistencia espiritual prestada por la Primera Orden constituye un elemento esencial para asegurar la solidaridad entre todas las comunidades de la OFS.
Estas mismas Constituciones prevén que todos los miembros de la Orden Franciscana Seglar deben empeñarse en llevar a cabo su misión en unión con otros grupos de la Familia Franciscana. La „Regla y Vida de los Hermanos y Hermanas de la Tercera Orden Regular“ (TOR/OFS) insta a sus miembros a la fidelidad a las autoridades de la Iglesia y a una profunda comunión, tanto con la Iglesia universal como con la Iglesia local. Y en particular insiste „En dondequiera que estén y siempre que se encuentren en algún lugar, deben respetarse y honrarse espiritual y diligentemente unos a otros. Y cultiven la unidad y la comunión con todos los miembros de la Familia Franciscana“ (Cap. 1,3).
En el documento de su 5o. Consejo Plenario de Garibaldi (1983), los Capuchinos enfatizan también la importancia primordial de la fraternidad y del espíritu comunitario: „Reforcemos la corresponsabilidad y la solidaridad, para, en esta forma, superar la mentalidad de aislamiento y de provincialismo. Utilicemos con este propósito las diversas instituciones que animan y promueven la colaboración en la formación inicial, en el apostolado, en el campo cultural y de la divulgación; y procuremos que esto se dé tanto a escala universal de la Orden, como también a nivel continental, nacional y regional. Especial atención debemos prestar a las Conferencias.
Queremos instarlas a compartir sus bienes y otros signos de fraternidad dentro y más allá de los límites de las correspondientes provincias para que se mantenga viva una mentalidad y un espíritu fraterno. El espíritu de pobreza y el espíritu itinerante han de impedir que determinadas fraternidades de hermanos se vean perjudicadas en su evolución por la permanencia prolongada, más allá de lo necesario, de ciertos hermanos“ (No. 27).
Las anteriores citas de textos recientes de las varias Ordenes y Congregaciones reflejan el hecho de que en la Familia Franciscana ha venido creciendo la convicción de que todos están obligados a cultivar y mantener la unidad, a pesar de que sabemos que quedan todavía vestigios de heridas y cicatrices que se han producido en el pasado. Con todo, tenemos que ahondar en el convencimiento de que ya no hay más lugar para los individuos que se aíslan, así como tampoco para aquellos individuos que quieren aprovecharse de ciertas circunstancias en su propio beneficio, a costa de las comunidades. Nuestra misión consiste en realizar en común el seguimiento de Jesucristo, en el espíritu de nuestros fundadores, Francisco y Clara.
Desde luego, no existe una fórmula infalible para lograr un auténtico ecumenismo interfranciscano, dado que nos hallamos apenas en los comienzos de este movimiento. Sin embargo, ya ha ido quedando bastante en claro que logramos cumplir más ágilmente y mejor muchas tareas cuando procedemos en conjunto, que cuando trabajamos paralelamente o peor aún, en campos opuestos. Y todo esto se hace posible y viable sin necesidad ninguna de abandonar las propias tradiciones y carismas, lo que equivale a decir, manteniendo la unidad en la pluriformidad! Tan sólo de esta forma, toda la riqueza del espíritu franciscano podrá manifestarse y hacerse visible y fecunda para el pueblo de Dios.
CCFMC, Lección 3, C 2

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