La valentía de Francisco de andar por nuevos caminos de fe y de anuncio está fundamentada en su conciencia carismática: “El Señor me ha revelado ...”. El mismo experimentó la fuerza y el obrar del Espíritu. Esto no lo convierte en presumido. El no utiliza su carisma para anunciar exigencias de dominio espirituales. Al contrario: él le pide a cada hermano ser consciente de su propio carisma (cf. BenL). El respeto ante la acción del Espíritu en cada hermano también fue consignado en la regla para los hermanos. Al mismo tiempo, él desarrolló una sensibilidad muy grande hacia la acción del Espíritu, al tratarse de la vocación misionera de un hermano (cf. 2 R 12) o de la vocación de cada uno en general (cf. 1 R 2,1; 16,3; LCl 1).
En los casos de conflicto con los hermanos que tienen funciones de autoridad, Francisco deja el juicio al Capítulo, la reunión de todos los hermanos, la instancia más alta de la Orden. La introducción de tales estructuras democráticas significa para la Iglesia del siglo XIII un cambio revolucionario. Francisco redescubrió esta regla de vida cristiana, porque estaba consciente del obrar del Espíritu en cada hermano y porque quería crear estructuras dignas de la acción del Espíritu, quien para él es verdadero ministro general de la Orden (cf. 2 C 193).
Francisco no utiliza el Evangelio para mandar sobre los demás. El respeto ante el obrar del Espíritu lo lleva al respeto hacia la persona. Si la Iglesia hubiera considerado más los principios de acción en su acción pastoral y la misión que Francisco fundamentó dentro de la Iglesia, entonces ella hubiera podido evitar muchos conflictos en la historia. Esto finalmente también es válido para toda la familia franciscana y su acción misionera.
CCFMC, Lección 25, C 1.2


inicio
impresión