Esta lección está dedicada al estudio de la Familia Franciscana, o sea, de la familia religiosa fundada a principios del siglo XIII por Francisco y Clara, unidos por una amistad delicada y profunda. Ambos se sintieron fascinados por el mismo ideal, el Reino de Dios; ambos tuvieron el mismo intenso deseo de vivir el Evangelio de una manera radical para transmitirlo a los demás como una fuerza vivificadora. Muchísimos hombres y mujeres de todos los estratos y condiciones sociales pugnaban por unirse a ellos, para seguir el Evangelio en la forma de vida escogida por ambos. En tan sólo diez años, brotaron tres vigorosas ramas de estos modestos comienzos: en 1210, la fraternidad de los Hermanos Menores; en 1212, la comunidad de las Hermanas Menores, y casi simultáneamente, diversos grupos de laicos que en su evolución vendrían a conformar la Orden de la Penitencia.
No fue sólo Francisco, ni tampoco Clara sola, sino juntos, Francisco y Clara, los co-fundadores de un movimiento capaz aún hoy de despertar el entusiasmo de mujeres y hombres, invitándolos a su seguimiento. El factor extraordinario del carisma de este movimiento estriba precisamente en la circunstancia de que tanto las hermanas como los hermanos no pueden prescindir los unos de los otros, sino que necesitan pertenecer juntos a una única Familia Franciscana. Tan sólo a través de una relación fraternal entre hombres y mujeres, podrá la Familia Franciscana alcanzar su plena realización. Por esa razón la unidad existente entre ellos, sin prescindir nunca de la pluriformidad de las diversas vocaciones, y la afectuosa preocupación de los unos por los otros tiene que ser algo espontáneo, natural y claramente perceptible. La consecuencia natural de esta realidad es que las distintas Ordenes y comunidades no podrán nunca dejar de cultivar la mutua colaboración interfranciscana.
CCFMC, Lección 3A

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