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Los profetas

Como ya habíamos explicado, los sacerdotes descuidaron el anuncio de la Tora y la consecuencia de esto fue que el pueblo ya no reconocía a su Dios. Eso quiere decir, que ya no era amorosamente uno con él y de esa manera cayó en una crisis de identidad. Dios debió intervenir nuevamente y suscitó a los profetas para que ellos les recordaran a los sacerdotes su misión. Ellos debían llevar al pueblo nuevamente hacia su llamamiento original, reconocer el significado de ser un pueblo que escucha, que vive en comunidad con Dios además de ser sacerdotal y santo.

Un profeta es un hombre que “no permite que se tome un medio como meta y que se ejecuten formas externas por sí mismas... que nos recuerda constantemente que la propia verdad de la presencia se encuentra más allá, en el futuro o en un plano superior, que indica insistentemente la presencia del espíritu, el cual va más allá de palabras (Y. Congar).

Los profetas tienen su tiempo. ¿Bajo qué circunstancias surgen los profetas? Simplemente se podría decir: ¡Justamente cuando son necesarios! ¿Pero cuándo es ése el caso? En los tiempos en los cuales la comunidad ha olvidado su llamamiento y cuando se ha vuelto inerte y conformista.

 Ya no puede cumplir con su misión porque no puede ver en qué consiste esa misión. Cuando el pueblo alcanzó bienestar terrenal por medio de guerras, política astuta y economía exitosa, olvidó fácilmente que era dependiente del llamado de Dios y que en esto radicaba todo su significado. Ya no estaba consciente de ser el pueblo de Dios y creía entonces pertenecerse a sí mismo y tener a Dios a su lado. La misión de los profetas consistía entonces en recordarles su vocación . (R. Haughton).

CCFMC, Lección 5, C 4

12.03.2009