El mundo entero acabó por ser la „casa grande“ en la que vive la Familia Franciscana, por lo que nos vemos impelidos a unirnos y a colaborar ecuménicamente en esta casa, que es la única en la que podemos vivir. La convicción de que la renovación franciscana sólo será posible en el momento en que todos nos decidamos a colaborar juntos, ha terminado imponiéndose como una exigencia fundamental en los documentos postconciliares de la Orden, puesto que todos ellos insisten permanentemente en que nuestra forma de vida tiene que ser fraterna.
En el Capítulo General de Medellín (1971) la fraternidad es invocada como impronta de nuestra identidad y credibilidad franciscanas:
„Creemos sinceramente que esta forma de vida fraterna, en la imitación de Cristo y de San Francisco, puede ofrecer hoy un inestimable servicio a la humanidad. Por medio de nuestra fraternidad pretendemos atender a las necesidades de hoy“ (Medellín OFM 1971, No. 10).
En el mismo documento se enumeran en detalle las formas en que nuestra fraternidad puede contribuir:
- a promover „el bien y la alegría de los hermanos“ (No. 11);
- al servicio de los hombres, ayudándolos a „conquistar los valores evangélicos de la dignidad humana, el desarrollo integral y la auténtica libertad“ (No. 12);
- a la „imperiosa obligación de hacernos prójimos de todo y cualquier hombre, sin discriminación alguna; cuando éste se nos acerca, debemos servirle diligentemente“ (No. 13);
- puesto que, „Nosotros, seguidores de San Francisco, viviendo en las fraternidades locales, queremos servir a las comunidades cristianas del lugar ... La gracia de la renovación no podrá crecer en las comunidades, si cada uno no dilata los espacios de la caridad hasta los extremos del mundo“ (No.16);
Asimismo el Documento de las Misiones de los Capuchinos, „Mattli 1978“ reconoce una decisiva importancia al testimonio de la fraternidad:
- El trabajo, el compromiso individual nunca debe acaparar la atención de la persona hasta el punto de impedir la convivencia fraterna (No. 38).
- La colaboración entre las Provincias y las regiones hace crecer la fuerza del testimonio vivido (No. 39).
- Puesto que „tenemos en gran estima los carismas de tantos hermanos y hermanas y los empleamos en beneficio del servicio espiritual recíproco. De esta forma, estaremos contribuyendo al crecimiento de una comunidad de fe y de amor, que se distingue por su fuerza evangelizadora. Este fue el anhelo de San Francisco y esto es lo que los hombres de nuestra época esperan de nosotros“ (No. 40).
El Documento del Consejo Plenario de los Hermanos Menores, „El Evangelio nos desafía“ (Salvador, Bahía, Julio de 1983) consagra dos capítulos completos a esta cuestión. La solidaridad, la fraternidad, la colaboración y la unión entre las distintas ramas de la Familia Franciscana de la Primera, Segunda y Tercera Orden constituyen los medios esenciales y más importantes de nuestra misión.
„Al ver la gente a los hermanos, los describían como hombres de Dios, de honesta presencia, rostro sonriente, respeto mutuo, cortesía y amor (cf. 1 Cel 38; Anónimo de Perusa 25). Su misma vida constituía un testimonio del Evangelio. Ellos, no sólo creían y pregonaban, sino, cosa que es tanto más importante, tanto en sus vidas como en la comunión con el pueblo experimentaban los valores del Evangelio de Jesucristo. Si hoy efectivamente queremos proclamar la Buena Noticia, el mundo tendrá primero que descubrir en nosotros aquellos mismos valores que resplandecían en las vida de los primeros hermanos franciscanos“ (Bahía, No. 22).
Las nuevas Constituciones de la Tercera Orden Secular (OFS) dicen en su Art. 89 que „en virtud de las relaciones vivas y recíprocas entre religiosos y laicos en la Familia Franciscana y gracias a la responsabilidad de los superiores mayores“ la asistencia espiritual prestada por la Primera Orden constituye un elemento esencial para asegurar la solidaridad entre todas las comunidades de la OFS.
Estas mismas Constituciones prevén que todos los miembros de la Orden Franciscana Seglar deben empeñarse en llevar a cabo su misión en unión con otros grupos de la Familia Franciscana. La „Regla y Vida de los Hermanos y Hermanas de la Tercera Orden Regular“ (TOR/OFS) insta a sus miembros a la fidelidad a las autoridades de la Iglesia y a una profunda comunión, tanto con la Iglesia universal como con la Iglesia local. Y en particular insiste „En dondequiera que estén y siempre que se encuentren en algún lugar, deben respetarse y honrarse espiritual y diligentemente unos a otros. Y cultiven la unidad y la comunión con todos los miembros de la Familia Franciscana“ (Cap. 1,3).
En el documento de su 5o. Consejo Plenario de Garibaldi (1983), los Capuchinos enfatizan también la importancia primordial de la fraternidad y del espíritu comunitario: „Reforcemos la corresponsabilidad y la solidaridad, para, en esta forma, superar la mentalidad de aislamiento y de provincialismo. Utilicemos con este propósito las diversas instituciones que animan y promueven la colaboración en la formación inicial, en el apostolado, en el campo cultural y de la divulgación; y procuremos que esto se dé tanto a escala universal de la Orden, como también a nivel continental, nacional y regional. Especial atención debemos prestar a las Conferencias.
Queremos instarlas a compartir sus bienes y otros signos de fraternidad dentro y más allá de los límites de las correspondientes provincias para que se mantenga viva una mentalidad y un espíritu fraterno. El espíritu de pobreza y el espíritu itinerante han de impedir que determinadas fraternidades de hermanos se vean perjudicadas en su evolución por la permanencia prolongada, más allá de lo necesario, de ciertos hermanos“ (No. 27).
Las anteriores citas de textos recientes de las varias Ordenes y Congregaciones reflejan el hecho de que en la Familia Franciscana ha venido creciendo la convicción de que todos están obligados a cultivar y mantener la unidad, a pesar de que sabemos que quedan todavía vestigios de heridas y cicatrices que se han producido en el pasado. Con todo, tenemos que ahondar en el convencimiento de que ya no hay más lugar para los individuos que se aíslan, así como tampoco para aquellos individuos que quieren aprovecharse de ciertas circunstancias en su propio beneficio, a costa de las comunidades. Nuestra misión consiste en realizar en común el seguimiento de Jesucristo, en el espíritu de nuestros fundadores, Francisco y Clara.
Desde luego, no existe una fórmula infalible para lograr un auténtico ecumenismo interfranciscano, dado que nos hallamos apenas en los comienzos de este movimiento. Sin embargo, ya ha ido quedando bastante en claro que logramos cumplir más ágilmente y mejor muchas tareas cuando procedemos en conjunto, que cuando trabajamos paralelamente o peor aún, en campos opuestos. Y todo esto se hace posible y viable sin necesidad ninguna de abandonar las propias tradiciones y carismas, lo que equivale a decir, manteniendo la unidad en la pluriformidad! Tan sólo de esta forma, toda la riqueza del espíritu franciscano podrá manifestarse y hacerse visible y fecunda para el pueblo de Dios.
CCFMC, Lección 3 (Desarrollo)

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