“Con alegría podemos comprobar que Dios es una realidad vivible en el Tercer Mundo. En Asia aprendemos, que la meditación y el silencio ante Dios, es un movimiento difundido entre el pueblo; en África, que el cuerpo en realidad es el templo de Dios y que se celebra la presencia del Dios vivo, con ritmos y danzas; en Latinoamérica, que la religiosidad del pueblo y la veneración de los santos es una realidad con sentido, a pesar de toda la explotación.
Nos acordamos de Francisco de Asís, que quería adorar a Dios en todo lugar y en cualquier momento y amarlo en todas las criaturas. El se retiraba a la soledad de las cuevas, bosques e iglesias. El traducía su experiencia interior de Dios, en imágenes, gestos y juegos. El dramatizaba los misterios de Jesús (Navidad, pascua, eucaristía...). El se unía con el pueblo en la necesidad de ver con sus propios ojos y de tocar con sus propias manos. El estaba todo con Dios en el mundo y en todo lo que hacía, y delante de Dios completamente comprometido con los problemas del mundo.
Por eso queremos dar de nuevo a la oración, a la liturgia, al silencio, la importancia debida. Sin miedo debemos enfrentarnos a la deserción de fe del pueblo y participar creativamente en la búsqueda de caminos de solución. Cuando estemos con nuestro pueblo ante Dios, todas nuestras luchas y sufrimientos, esperanzas y anhelos, serán puestas en una dimensión que está por encima de todo y al mismo tiempo lo llena todo.”
Del Mensaje interfranciscano de “Mattli 1982”. CCFMC, Lección 10

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