Debemos liberarnos de una concepción superficial de la paz. Francisco de Asís habla por eso de "paz verdadera del cielo" y de "caridad sincera en el Señor" (2 CtaF 1). Según esto para él la paz es un don del cielo. La paz está relacionada esencialmente con Jesucristo (cf. Ef 2), "en quien todas las cosas que hay en cielos y tierra han sido pacificadas y reconciliadas con el Dios omnipotente" (CtaO 13).
La verdadera paz la experimenta aquel que vive en unión con Dios. Por eso, Francisco también puede decir con frecuencia que se debe "conservar" la paz (cf. Adm 15; Cant 11). La paz entonces es algo que paradójicamente ya está dado pero que de todos modos siempre se debe alcanzar.
Hablar de la "verdadera paz" alcanza un significado mas concreto teniendo en cuenta el trasfondo de la tradición agustiniana en la cual vivía Francisco. En su "Ciudad de Dios" (libro 19,17) Agustín distingue dos "formas de Estado" y dos diferentes contenidos de paz:
La Ciudad terrena busca la paz en la tierra
Esta encuentra la paz en la medida en que logra alcanzar la mayor concordia posible de los ciudadanos ("concordia civium"). Los ciudadanos deben unirse y ponerse de acuerdo en numerosas decisiones concretas, para ver cómo pueden satisfacer sus necesidades básicas ("compositio voluntatum"). El sentido de una legislación estatal consiste por lo tanto en, "ordenar lo que es necesario para la conservación de la vida terrena" y organizar aquello, "que pertenece necesariamente a la vida" ("res huic vitae necessariae"). La paz por consiguiente, se define como la satisfacción de las necesidades básicas humanas dentro de una comunidad.

La economía política se debe entender como una política de paz. La paz es entonces, según Agustín, un tema intrínseco del Estado. Debemos continuar hoy este pensamiento trasladándolo a las comunidades que son los Estados, e incluso a toda la comunidad de pueblos del mundo. En este sentido la "globalización" es un postulado necesario de la paz (cf. Lecc. 21). La paz entendida como la satisfacción de las necesidades básicas de todos, sólo se puede lograr hoy, si se toma en cuenta la totalidad del mundo. La paz y la justicia se mezclan de esa manera una con otra. Sólo puede haber paz cuando todos las personas vean satisfechas sus necesidades básicas.
Partiendo de esta comprensión de paz, los franciscanos y franciscanas se unieron en los años ochenta para representar esa misión de paz franciscana en la ONU. Ellos formularon el estatuto de una organización no gubernamental con el nombre de "Franciscans International" (Franciscanos en las Naciones Unidas), (cf. lecc 3, cap. 3.1.) y definieron su propósito con las siguientes palabras:
Visión de los "Franciscanos en las Naciones Unidas"
Nosotros franciscanos, hombres y mujeres, seguidores de San Francisco de Asís, creemos que toda la creación, desde el organismo mas pequeño hasta el ser humano, vive en dependencia mutua sobre el planeta tierra. Estamos conscientes de que esta relación está amenazada por una negación a aceptar esa dependencia, por la explotación y el dominio.
Nosotros mismos nos comprometemos a cultivar relaciones mutuamente dependientes para que la totalidad de la creación pueda vivir en armonía. Nosotros aportaremos por medio del servicio en nuestros propios integrantes y el personal de las Naciones Unidas como también en los demás; por medio de formación y promoción de los temas: ecología - medio ambiente, métodos pacificadores - superación de los conflictos. Nosotros intentaremos trabajar conjuntamente en estos esfuerzos con el personal de las Naciones Unidas y otras organizaciones no gubernamentales. Nuestros esfuerzos reflejarán los valores franciscanos respecto a la conservación del medio ambiente, la pacificación y la preocupación por los pobres. Estos a la vez son los valores que se expresan por las Naciones Unidas en su Carta y en su declaración de los derechos humanos.

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