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Cristianismo: Religión de la Encarnación

28.01.2003

Francisco define en una de sus cartas a los creyentes como "madres de Dios". También nosotros podemos, lo mismo que Maria, concebir a Dios, llevarlo en nuestro corazón y darlo a luz por medio de nuestras buenas obras. Podemos contribuir por nuestra parte a hacer presente y visible a Dios en el mundo de tal manera que todos lo puedan experimentar (cfr. 4Cta-b, 53).

 

Clara de Assisi testimonia también el Misterio de la encarnacion de Dios. Ella se apropia de esta experiencia mística de Francisco y la profundiza, hasta alcanzar en su experiencia interior un punto culminante, cuando escribe a su amiga Inés de Praga:

 

"...y ama totalmente a quien totalmente se entregó por tu amor; a Aquel cuya hermosura admiran el sol y la luna, cuyos premios no tienen límite, ni por su número ni por su preciosidad ni por su grandeza; a Aquél - te digo - Hijo del Altísimo, dado a luz por la Virgen, la cual permaneció virgen después del parto. Adhiérete a su Madre dulcísima, que engendró un tal Hijo: los cielos no lo podían contener, y ella, sin embargo, lo llevó en el pequeño claustro de su vientre sagrado, y lo formó en su seno de doncella" (3 Cta. Cl 3).

 

El que es infinitamente grande se hace limitado, el inalcanzable se hace cercano y tangible. Clara retoma aquí y se inspira en un antiguo himno que canta a Maria:

 

Aquel a quien la tierra, el mar y el aire
celebran, adoran y proclaman.
Aquel, Señor de todos los mundos,
en el vientre de Maria se alojó.

 

Detengámonos un poco en este pensamiento de la libre decisión de Dios de hacerse limitado, ya que él constituye un elemento absolutamente central en la fe cristiana. La misma creación ya es un acto de limitación: Dios se aparta, se limita para dar espacio a las criaturas, para que pudieran tener una historia propia, para que los hombres pudieran vivir su libertad. Cuando Dios se revela, se somete a su propia creación, se pone en manos de los hombres, se torna cercano, haciéndose presente en todo aquello que ya no es Díos.

 

Clara lleva este pensamiento hasta el extremo:

 

"Pues es clarísimo que, por la gracia de Dios, la más noble de sus criaturas, el alma del hombre fiel, es mayor que el cielo: los cielos, con las demás criaturas, no pueden abarcar a su Creador: pero el alma fiel - y sola ella - viene a ser su morada y asiento, y se hace tan só1o en virtud de la caridad, de la que carecen los impíos. Así lo afirma la misma Verdad: "Quien me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a ‘El’ y habitaremos en ‘El' (Jn 14,23)" (3Cla Cl 4).

 

Lo que se dio en Maria en una forma biológica e histórica, sigue siendo una posibilidad real en el nivel místico-espiritual para toda persona cristiana que tenga realmente fe: la conciencia de la cercanía de Dios, la encarnación de Dios, la presencia y experiencia de Dios en la persona y entre las personas.

 

Curso de Carisma Misionero Franciscano, Lección 1, Cristianismo: Religión de la encarnacion