„Todavía hay mucho por hacer“
Hacer experimentable el Evangelio: ¡esta es la tarea de la Iglesia! Y esta es la misión del franciscano: tenemos una buena Nueva que anunciar, el mensaje de un Dios que ama, se com-padece y libera. Antes que nada, nosotros mismos debemos ser oyentes que quieren entender este mensaje, pues sólo así podemos comprender lo que Dios quiere. “Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios” (Is 40,1). “Hablad al corazón de Jerusalén”, dijo al profeta Isaías. Mejor no puede ser expresado. La Palabra de Dios brota de un corazón que ama y se dirige a nuestro corazón.
El movimiento franciscano está incorporado en esta tradición profética. Debemos estar siempre disponibles a escuchar lo que Dios quiere decirnos y luego con toda la fuerza trasmitir lo recibido. “El corazón habla al corazón”, dijo el Cardenal Newman. Sólo así los demás pueden entrever cómo es Dios, esto es, un Dios que ama al ser humano y que se preocupa por él.
Pero -siguiendo a San Agustín- para reconocer lo que Dios nos quiere decir hoy debemos leer los dos libros: El libro de la vida (los signos de los tiempos) y la Biblia. Esto es, debemos examinar el primer libro (el Libro de la vida) con los criterios del Evangelio. En otras palabras: debemos tener en una mano el periódico y en la otra la Biblia, y en este orden.
Por ello el Concilio Vaticano II nos exhorta en la Constitución pastoral “Gaudium et Spes” a escuchar con suma atención las diversas voces del mundo. Debemos compartir tanto “las alegrías y esperanzas” como también “las penas y temores”. Se trata de identificarse con la carencia que existe en el mundo. Consecuentemente la pobreza mundial pasó al ser el mayor desafío. Juan XXIII habló de una Iglesia de los pobres. Muchos obispos asumieron este aspecto como el punto central del Concilio. Los llamados pequeños obispos alrededor de Bettazzi, Dammert, Mc Gray (Obispos de las catacumbas) hicieron el voto de impulsar esta opción en su trabajo dentro de la iglesia
latinoamericana como miembros de la Conferencia de Medellín en 1968.
El surgimiento provocado por el Concilio se ha paralizado. Está disminuyendo cada vez más la confianza en la institución Iglesia. El tiempo de las visiones ha cedido al tiempo descrito a menudo por Karl Rahner como “Iglesia invernal”. Pero el mismo Rahner también dijo que “estos tiempos pueden llevar a una concentración radical, donde la Iglesia puede reencontrar sus raíces y su fundamento. Entonces, cuando la Iglesia posea realmente un gran nivel de radicalismo y ofrezca lo esencial, vendrá de nuevo la primavera dentro de la Iglesia”. Esto quiere decir: concentración total en Jesús mismo, quien es la vida de la Iglesia.
Quien comprendió esto en forma genial fue Francisco de Asís. Para él la Biblia fue la fuente rebosante de vida espiritual. Vivir el Evangelio, hacerlo experimentable en la Iglesia y en la sociedad, fue para él lo más importante. Y logró esto de tal forma que fue considerado el “alter Christus”, el otro Cristo. Él dio un rostro nuevo al Evangelio, mediante el cual los demás pudieron reconocer al Dios humano, humilde, preocupado por los seres humanos. Revivir esto es tarea de toda y todo franciscano, es el núcleo de la espiritualidad franciscana.
“Todavía hay mucho por hacer. Nos encontramos en épocas de resurgimiento. El camino que asumimos nos conduce a los lobos, pero no les tememos, pues les amamos. Ellos son nuestros hermanos y tienen derecho a que les demos razones y respuestas. En esto consiste nuestra misión”. Así resume el Profesor Elmar Klinger su ponencia en Frascati, la cual presentamos en este número. Es bueno que alguien de fuera nos recuerde los retos frente a los que debe responder la teología y espiritualidad franciscana hoy en día: “El movimiento franciscano puede ofrecer nuevos acentos desde el fundamento de su espiritualidad, porque ella esta enraizada en el mundo de hoy. Esta vinculación viene desde sus orígenes, y brota desde el mismo bautismo”.
Andreas Müller OFM
La profecía franciscana en la Iglesia
¿Cómo está la Iglesia después del Concilio Vaticano II? ¿Cuáles son los desafíos que le presenta el mundo actual? Pero sobre todo: ¿Qué posturas puede o debe tomar el movimiento franciscano en esta situación? Estos temas complejos fueron abordados por el Profesor Elmar Klinger en su conferencia ofrecida en la Reunión del Equipo internacional del CCFMC, celebrada en Frascati, Italia, a finales de octubre del 2009. El profesor Klinger fue catedrático de Teología Fundamental y Ciencia Comparativa de la Religión en la Universidad de Würzburg, Alemania, hasta su jubilación en el año 2006. Él concibió su ponencia como una consideración de un “No-Franciscano” que señala líneas de orientación para invitar a lanzar la mirada hacia nuevos horizontes. A continuación un resumen de su conferencia.
