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CCFMC Notícias febrero del 2010

Otro mundo es posible


Otro mundo es posible. Este es el lema fundamental de los críticos de la globalización reunidos por décima vez en el “Foro Social Mundial” a finales de enero del 2010 en Porto Alegre. Este Foro nació de una idea atrevida: el intento audaz de convocar un foro alternativo al Foro Económico Mundial que se viene realizando desde hace 40 años en Davos. En solamente diez años el Foro Social se ha convertido en el movimiento social civil más grande a nivel mundial. En Davos se reúnen los más ricos y poderosos del mundo para proclamar el credo del libre mercado, que entre sus adeptos ha adquirido un perfil casi religioso („la mano invisible de Dios“). En el Foro Social Mundial se reúnen las víctimas de la globalización, que han sido arrollados por la maquinaria del capitalismo ciego y salvaje. Se trata de profesionales críticos, que no están dispuestos a aceptar que el mundo sólo puede ser ordenado bajo las leyes frías del mercado. Se trata de cristianas y cristianos que creen en la opción de Dios por los pobres. Todos se esfuerzan por una conversión en el pensar y en el actuar. La economía debe estar al servicio del ser humano, y no al contrario. El capital global debe servir y no gobernar. Por tanto, ¡la globalización de los corazones contra el mercado sin corazón!

Quien se propone poner en marcha un proyecto de esta naturaleza debe tener perseverancia: necesita un fondo de conocimiento y de espiritualidad, o sea, tener la visión de un mundo más humano fruto de un mundo más justo y pacífico. Para nosotros los cristianos es la visión del “Reino de Dios”. Jesús, a través de sus muchas parábolas y sermones, quiso hacer presente esta visión de la venida del Reino de Dios, que no se realiza únicamente en el más allá, sino que empieza a construirse en el aquí y ahora: un reino de justicia, de paz y de amor al prójimo que hace posible nuevas relaciones entre las personas. Pablo desarrolla más esta visión en su Carta a los Romanos: “La creación entera está a la espera de la salvación futura” (8,19). Es la esperanza ansiosa de la irrupción de un tiempo nuevo que superará los miedos y necesidades del presente y la motivación que da la fuerza necesaria en la lucha en los tiempos de cambio. La tarea de la Iglesia es fortalecer y promover, tal como expresa el documento de la esperanza del Concilio Vaticano II: “las alegrías y esperanzas, tristezas y temores de los seres humanos, especialmente de los pobres y los oprimidos son las alegrías y esperanzas, las tristezas y temores de los discípulos de Cristo” (GS 1). La “Solidaridad con los pobres” es uno de los principios fundamentales de un ordenamiento social que esté conforme a la comprensión cristiana.

Esto exige mucho más que dedicarse a promover ideas y conceptos osados. Exige el compromiso y un modo concreto de vivir y obrar. Dios mismo eligió a los pobres y se puso a su lado. Y esto ha sido testimoniado desde los profetas hasta el Evangelio de Jesús. Esta en la „Buena Nueva“ para los pobres, a quienes se reconoce como parte del Reino de Dios. Esto significa: „Fuera de los pobres no hay salvación”, tal como interpreta la economía de la salvación el teólogo de la liberación, Jon Sobrino SJ desde San Salvador. Y el sermón de Jesús sobre el Juicio final no deja ninguna duda de ello (ver: Mt 25,31s).

Y para nosotros, las y los franciscanos, significa que debemos reflexionar sobre el fundamento de nuestra comprensión de la pobreza. Por mucho tiempo la pobreza se entendió como una virtud ascética, como la exigencia de solicitar siempre el permiso al superior para utilizar los bienes. Esto seguramente ayudó a vivir con mayor austeridad, pero tiene muy poco que ver con el ideal de la pobreza. Nuestra pobreza debe estar en conexión con el destino amargo de los pobres en el mundo: vivir con lo mínimo para que otros puedan sobrevivir. La pobreza, así entendida, exige la solidaridad con los pobres, identificación con sus luchas por una vida mejor y sueña por un mundo más justo, en el cual todos puedan vivir en dignidad. Éstas son las metas del “Foro Social Mundial”. Sus miembros y adeptos deben contar con la seguridad que nosotros estamos a su lado.

Andreas Müller OFM

 


 

Unidad de la Creación – un desafío franciscano

Entre los temas expuestos en la Reunión de la directiva internacional del CCFMC a finales de octubre 2009 en Frascati está la contribución de la teóloga Hna. Marlene Perera, FMM, de Sri Lanka. Queremos ofrecer un resumen de estos temas para despertar el interés de nuestros lectores. El tema tiene como título: „Unidad de la Creación – Eco-justicia. Un desafío franciscano.“

El paraíso creado por Dios está en gran peligro. El hecho que la Creación, con toda su hermosura y variedad, amenaza peligro ya no es obviado ni hasta por el más sencillo. ¿Cuáles son las causas de esta destrucción cada vez más acelerada de nuestro planeta? ¿Y cuál es nuestra responsabilidad como cristianos y como franciscanos frente a este proceso?

Las raíces de esta destrucción, según la Hna. Marlene, se encuentran en el afán del ser humano de querer dominar sobre la creación y ponerse a sí mismo en el centro del universo. Esto ha conducido a que la naturaleza sea explotada indiscriminadamente en favor de una pequeña minoría. La técnica no es en sí misma negativa; ella es neutral. Pero los seres humanos la utilizan para poner en peligro toda forma de vida. Destruyen no sólo la hermosura de la naturaleza, sino también su capacidad de renovarse y conservarse. Con ello, el ser humano se arriesga a perder su misma humanidad. Con este trato destructivo con la Creación sale afectado no solo el medio ambiente, sino también se amplía el abismo que separa a las personas ricas y pobres y a los países ricos y pobres.

El mundo y los seres humanos reaccionan. De cara a estos hechos alarmantes se han pronunciado con sus advertencias y propuestas países y gremios internacionales, hasta la fecha con muy poco eco. Pero la esperanza no ha muerto, sino que vive en las iniciativas que surgen y se desarrollan desde la base de la sociedad civil, ONG y grupos comprometidos: El Foro Social Mundial, el Foro Mundial de Teología, el Día internacional del Medio Ambiente el 2 de junio – para mencionar algunos ejemplos –, hacen sentir su voz y tienen el coraje de actuar.

Deben surgir nuevas visiones sobre el medio ambiente. La comprensión tan extendida de que el ser humano está en el centro de la creación porque él es la imagen de Dios, ha sido desarrollada y propagada sobre todo por las filosofías europeas. Sus presupuestos: Una trascendencia horizontal y el principio de que el hombre está por encima de la naturaleza; esta comprensión conquistó no sólo Europa, sino que a través de la colonización se extendió mundialmente. “El Ser humano es el gran problema del mundo, el mayor peligro de la naturaleza y de la misma vida humana, para la civilización, para la diversidad en la naturaleza y la cultura ... Se trata de una crisis no sólo del medio ambiente y la ecología, sino también a nivel cultural y religioso, o sea, se trata de una crisis espiritual profunda. Lo que está en crisis es la misma civilización que hemos construido – incluyendo las religiones–“, afirma Marlene Perera.

En la búsqueda de concepciones e ideas alternativas participan movimientos de toda clase. Ellos buscan una vida en armonía con la naturaleza, con los demás seres vivos, con nosotros mismos. El movimiento interreligioso, el movimiento ecológico feminista, el movimiento de los pueblos originarios podrían obrar con un gran dinamismo.

El esfuerzo de las religiones por un mejor entendimiento recíproco y  por el diálogo va en aumento, según la Hna. Marlene. Aún con todas las reservas existentes se debe de preguntar cómo podrían ayudarse mutuamente las diversas confesiones y orientaciones de fe para “encontrar el lugar legítimo que le corresponde al ser humano en la Creación como guardián y administrador consciente y responsable, que se comprenda como una especie entre las demás especies de la naturaleza con la responsabilidad sagrada de proteger, fomentar y alimentar toda forma de vida en la tierra, como servidor de Dios”. Hay tanto que aprender los unos de los otros. Debemos plantearnos críticamente si seríamos capaces de sentarnos en la mesa del diálogo con las demás religiones como uno entre iguales. Sólo así se harían posibles nuevos sueños y visiones abiertas a la vida.

El movimiento feminista del medio ambiente se ha ganado el mérito de romper con el sistema dualista que ha imperado por largo tiempo con su orden jerárquico. Según este sistema de valores todo lo que es orgánico, corporal y terrenal  – y así fueron consideradas la mujer y la naturaleza – se coloca en los niveles más bajos de la escala, y por tanto, pueden ser explotados. El movimiento feminista del medio ambiente devolvió a la Madre tierra su voz. Tanto las mujeres como la naturaleza están sometidas y deben ser liberadas para que puedan ser nuevamente sí mismas. Esta lucha por la liberación debe ser integral, en lo económico, social y político, y sobre todo en el área religioso-cultural.

La espiritualidad de los pueblos indígenas toma la naturaleza y toda la vida como algo sagrado; todo es parte de la vida que Dios comparte con toda la creación y con todos los humanos. Para estos pueblos la tierra no es un producto, sino que es el hogar – la madre tierra. Nos haría mucho bien, afirmó la Hna. Marlene Perera, si nos abriéramos realmente a esta comprensión que nos transmiten estos pueblos, que organizan y realizan su vida en armonía con la naturaleza.

Una espiritualidad encarnada. En medio de la actual crisis espiritual que se va profundizando cada vez más se hace necesaria una nueva actitud frente a la vida. A lo largo de los siglos hemos olvidado que la Creación es el primer símbolo de la manifestación divina, y por ello el primer sacramento y fuente de la revelación. La visión de Jesús del Reino de Dios es totalidad, es  “Shalom” y fraternidad con todas las criaturas de Dios. Las parábolas con las que anunció el Reino de Dios a los hombres muestran claramente su vinculación esencial con la naturaleza y el lugar que ella ocupaba en él. En las narraciones de las tentaciones de Jesús por el demonio puso en claro que el ser humano no debe servirse de la creación para satisfacer sus propias ansias de posesión, ni tampoco le está permitido pretender dominar sobre la creación. El Evangelio se convierte así en fuente de energía para vencer esas ansias de menosprecio de la Creación. La Iglesia ha perdido de vista que la naturaleza es el símbolo más original de lo sagrado, y por ello ha necesitado de un largo tiempo para comprender la urgencia de la cuestión de la lucha por le medio ambiente.

Desafío franciscano. Francisco de Asís es conocido universalmente como el hombre de la naturaleza. En cada fase, en cada episodio de su vida sale a luz cómo él trataba con respecto, cuidado y veneración a la Creación. Su Cántico a las Criaturas es un himno a la naturaleza. Su vida era una especie de unión extática con Dios y con la naturaleza. Él consideró todo lo existente como santo, más allá de las conocidas fronteras que dividen lo santo de lo profano.

Conclusión. La justicia frente a la creación es condición indispensable para una verdadera justicia en la sociedad, afirmó Marlene Perera. Ella trajo al recuerdo lo que el joven Marcus Briggs, un aborigen norteamericano, nos dijo en la Conferencia Mundial de Teólogos en Belém: él ya no quiere seguir escuchando sobre nuestro Eco-Paradigma, a no ser que sea referido sobre nosotros mismos, pues cuando se habla del peligro al que es expuesto el medio ambiente y de la preocupación por su futuro, no se trata sólo de él, sino esta en juego la misma vida humana en general. Esto hay que tomarlo muy en cuenta, expresó la Hermana Marlene, para superar estas falsas interpretaciones y encontrar una nueva visión ecológica y un nuevo ethos. Es necesario que se den cambios sustanciales en nuestras comprensiones fundamentales. ¡Se trata de un desafío espiritual!

Download: http://www.ccfmc.net/wEspanol/ccfmc/bibliothek/teol_mission/Marlene_Perera.shtml?navid=99

 

Trabajo en grupos

El tema expuesto por la Hna. Marlene mostró lo importante que es analizar e interpretar el ideal franciscano desde el respectivo contexto cultural y social. Sólo así podemos actuar como familia internacional. Para provocar la reflexión fueron confeccionadas las siguientes preguntas que ella preparó para el trabajo en grupos:

1.   ¿Cuál es el aporte concreto que puede ofrecer el Curso para fomentar la cultura de la no violencia, de la reconciliación, de la protección de la Creación?

2.   ¿Qué aporte concreto puede ofrecer el Curso para liberar a cada uno y a las instituciones del ansia y afán por el poder?

3.   ¿Qué aporte concreto puede ofrecer el Curso para la solidaridad con los pequeños movimientos de base que promueven la vida y se comprometen por la justicia y la paz?

Los resultados de las discusiones en los grupos fueron excelentes. Para poder realizar la visión de Francisco en nuestro tiempo debemos empezar con pequeños pasos, partiendo siempre de  la realidad en la que vivimos. La respuesta que se dé en África debe ser distinta, por ejemplo, a la que se dé en Europa o Asia. Lo decisivo es siempre partir de la dignidad del ser humano, pues cada ser humano es imagen de Dios, tanto el recogedor de basura de las calles como el director de una gran empresa, aunque cada uno tenga oportunidades distintas. Es nuestra tarea llamar la atención a esta realidad.

Sin embargo, esto será posible únicamente si reconocemos y asumimos nuestra función profética. Debemos aprender de Francisco a llamar la atención al clamor de la injusticia de nuestras sociedades, pero más bien con nuestra vida que con nuestras palabras. El Curso CCFMC es un instrumento que nos introduce y acompaña en esta tarea. Como Familia franciscana debemos ser una red de comunidades proféticas que oran y sirven, que se apoyan y fortalecen mutuamente. Así, el mundo nos reconocerá y nos podremos atrever a ofrecer soluciones a los conflictos, a reconciliar a los enemistados y anunciar la esperanza a los pobres y enfermos. Esta es la irrenunciable dimensión política y profética de nuestro carisma y su fomento es la tarea permanente del CCFMC.

 

América Latina

Diez años de Foro Mundial Social – una mirada franciscana

El Foro Mundial Social ha crecido lentamente, pasando de su infancia a su madurez. Hoy la más grande actividad social mundial está frente a la decisión de buscar los instrumentos y la orientación fundamental que debe asumir en el futuro. Las Hermanas Catequistas Franciscanas de Brasil participaron en el último Foro Social Mundial celebrado en Porto Alegre, y entre otras cosas escriben:

“... Del 25 a 29 de enero del 2010 se hizo un recuento del camino recorrido hasta hoy: la metodología, las dificultades, los errores y las perspectivas. Las distintas actividades y discusiones llevadas a cabo en estos diez años de Foro Mundial Social han movilizado a la sociedad civil; sobre todo ha contribuido a formar en la conciencia colectiva la certeza de que otro mundo es posible. Lamentablemente no se ha logrado organizar una tal movilización masiva que traiga consigo desarrollar y realizar proyectos alternativos.

Es, pues, urgente seguir fomentando el diálogo y las discusiones entre los movimientos  y grupos, y trabajar por la unidad en la diversidad, buscando la unidad central sin caer en centralismo. Se hace necesario encontrar el consenso para la construcción de otro mundo posible y necesario, planear a largo plazo para cambiar el aquí y el ahora, pues – como expresó un participante – o cambiamos nuestras conductas y actitudes o debemos cambiarnos de planeta...”

Tanto en los aportes de las exposiciones como en las discusiones y en las diversas actividades del Foro Mundial Social se constató que estamos en una crisis de nuestra civilización; una de sus columnas, el sistema económico, amenaza en desplomarse. Esta crisis repercute en las relaciones culturales, sociales y en las relaciones con el medio ambiente.

Desde el Foro Mundial Social de Belem (2009) se ha consolidado la certeza que no se puede aislar las cuestiones socio políticas de la cuestión del medio ambiente; este aspecto pasó a ser el tema central en este año. Es ya un consenso que ambas temáticas no pueden ser tratadas por separado, como si el calentamiento de la atmósfera no tuviese nada que ver con el capitalismo. En este marco se encuentra el tema “la buena vida”, que fue propuesto el año pasado y que en este año fue reasumido en las diversas discusiones. Se puede concluir que para alcanzar „la buena vida“, que es un término de los pueblos indígenas, no es necesario pasar por la realización de las premisas del sistema económico actual. Boaventura de Sousa Santos (Profesor de Sociología en la Universidad de Coimbra) puso en claro que se debe dar solución a dos problemas actuales: por un lado luchar por desarrollar un nuevo modelo para el mundo; por el otro, superar las injusticias del sistema vigente...

Concluyendo podemos decir: Debemos acelerar nuestros pasos y unificarnos en un sólo movimiento, cuya meta es la protección y la defensa de la vida. Debe desarrollarse un modelo económico que tenga como objetivo central la vida y la solidaridad, y no el afán de lucro. La política de los órganos estatales debe ser construida para consolidar un sistema social que promueva el uso social de los bienes comunes, y que no sea plataforma para favorecer los abusos.”

 

El Pacto de las Catacumbas

„En las campañas electorales de los Estados Unidos siempre se remite al „Sueño de Martín Luther King“, con la promesa de hacerlo por fin realidad; igual pasó en ocasión de la Conmemoración de los 50 años de la convocatoria al Concilio Vaticano II: en actitud de humildad se recordó el pacto para una Iglesia pobre y servidora hecho en las Catacumbas. El 16 de noviembre de 1965, unos días antes de la conclusión festiva del Concilio, unos 40 Padres Conciliares  celebraron la Eucaristía en las catacumbas romanas de Domitila y sellaron ahí el llamado Pacto de las Catacumbas.

Uno de los inspiradores que impulsaron a este grupo profético fue el Obispo brasileño Dom Hélder Câmara, quien estaría cumpliendo 100 años. Aquel pacto en sus trece puntos se fundamentaba sobre la pobreza evangélica de la Iglesia y la exigencia de renunciar a todos los títulos honoríficos, privilegios y lastres mundanos; el pacto promovía la colegialidad y la corresponsabilidad en una Iglesia que es Pueblo de Dios, abierta al mundo y motivada por la hermandad fraterna en el trato de unos con otros“.

Tomado de: Pedro Casaldáliga, Obispo emérito de São Félix do Araguaia, MT, Brasil, Carta circular 2009

Download:

http://www.ccfmc.net/wEspanol/ccfmc/bibliothek/teol_mission/Catacumbas.shtml?navid=99

 


 

Signos de los tiempos

CLAR: Haití y la oportunidad para un verdadero Kairós

La catástrofe del terremoto que sacudió Haití en enero del 2010 ofreció el tema del escrito que la Directiva de la Conferencia de Religiosos de América Latina CLAR dirigió a sus miembros: el tema fue Haití, pero no sólo trató sobre Haití. La Carta tiene como título Haití, en camino hacia un verdadero kairós; a continuación se presentan en forma resumida los puntos principales:

Primeramente la Carta presenta un panorama de la dimensión de la destrucción y daños ocasionados por el terremoto, pero también de las primeras medidas de ayuda y las perspectivas a largo plazo para la reconstrucción. Al mismo tiempo apunta las causas del por qué este terremoto ha llevado a Haití hasta el borde de su misma existencia.

Tanto el Secretario General de la ONU como el Papa Benedicto XVI han exhortado para que se posibilite a Haití una „solución permanente” y una “respuesta solidaria desde todas las instituciones” frente a esta catástrofe. De esta forma todo lo sucedido en Haití puede también transformarse en un momento de Gracia de Dios, en un kairós. ¿Pero cómo se puede lograr esta transformación en un país con una cultura rica, pero con una economía pobre y una política quebrantada?

Esto puede ser posible:

·     Desde un profundo sentido de pertenencia a un mismo mundo en el que todos vivimos, y a una misma fe que todos profesamos; una respuesta duradera depende de la integración y colaboración mutua de las instituciones de las que somos miembros.

·     Por medio de la cooperación recíproca: la colaboración entre expertos y la interacción mutua entre los gobiernos responsables para la recolección, administración honrada de las ayudas humanitarias y la Iglesia, que está interesada y comprometida en la reconstrucción del tejido social. Acá desempeñan un papel esencial las Congregaciones y Órdenes, que están llamadas a revitalizar la presencia histórica en Haití pero desde una forma nueva.

El compromiso por Haití debe abrirse a nuevos horizontes, tanto a nivel estatal como eclesial. Los llamados a colaborar con las acciones urgentes de ayuda no deben caer en oídos sordos.

 

Leonardo Boff: Haití, una prueba para la humanidad

Hospitalidad y solidaridad son las virtudes humanas a las que siempre se hacen referencia de cara a las catástrofes, por ejemplo en el caso de Haití. En una contribución sobre el tema Leonardo Boff escribe al respecto: ¿qué puede y debe aprender la humanidad del terremoto de Haití?.

„ ... En un futuro no muy lejano tendremos muchos Haitíes con millones de refugiados huyendo de las consecuencias del cambio climático... Haití puede ser un signo del „Ángel exterminador“, que va moviendo por doquier su guadaña arrancando por su paso vidas humanas...

El filósofo Kant consideraba la hospitalidad como un derecho y un deber frente a cada persona, pues todos somos habitantes, o mejor dicho, hijas e hijos de esta misma tierra. Tenemos el derecho de movernos por la tierra, de recibir y ofrecer hospitalidad. ¿Los estados estarán dispuestos a conceder este derecho fundamental a las multitudes que ya no podrán vivir en sus lugares de origen debido a la carencia de agua o cosechas, como consecuencia del calentamiento de la tierra?

Solidaridad es la segunda virtud. Ella esta ligada intrínsecamente con el ser humano y pertenece esencialmente a su condición social. Ella significa: conciencia colectiva y sentido de pertenencia común de todos.

Hemos llegado a un punto de nuestra historia en la cual todos somos parte y miembros de una misma sociedad en un mismo mundo. Sin esa solidaridad de todos con todos y con la Madre Tierra no puede haber futuro para nadie...”