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CCFMC Notícias enero del 2010

Conversión del pensar y actuar frente a la lógica del poder


Conocemos bien la situación. Los problemas se agudizan, y reaccionamos frente a ellos con las mismas estrategias que hasta hoy no nos han dado resultado. En la política se trata de las altas ideologías partidarias, que como doctrinas dogmáticas no discutibles impiden nuevos pensamientos. En el fondo se tiene miedo a los cambios porque ellos ponen en tela de juicio lo que se ha logrado con esfuerzos y la forma usual de pensar y juzgar. Todos conocemos este miedo. Aceptamos proteger el medio ambiente, pero no a costa de renunciar a la comodidad y movilidad a las que se está acostumbrado. Realmente es un dilema: los problemas deben ser resueltos, ¡pero por favor, sin cambios radicales!

¡Pero eso es precisamente lo que nos exige Jesús!. Él vivió en un mundo dividido y lleno de odio; Israel estaba dominado y reprimido; los gobernantes aseguraban su poder a través de leyes estrictas, los pobres no tenían ningún valor. En esta situación pone de cabeza los esquemas de pensamiento vigentes. Jesús reaccionó frente a la necesidad de la gente expresando cosas totalmente fuera de la lógica común: los pobres, los que lloran, los no violentos y los hambrientos son bienaventurados; el Reino de Dios pertenece a los que son misericordiosos, a los que construyen la paz y luchan por la justicia. Su conocido Sermón de la Montaña cuestiona radicalmente el pensar y actuar dominante. Su foco de atención no está en los ricos, sino en los pobres. El Sermón de la Montaña pasó a ser la Carta Magna para un nuevo pensar y actuar: el sueño de un mundo mejor, en el cual los seres humanos siguen inspirados desde hace 2000 años de historia del Cristianismo.

Mahatma Gandhi, por ejemplo. Él no predicó la violencia como medio para luchar contra la violencia, sino que propuso la resistencia pasiva y la desobediencia civil contra la dominación colonial poniendo en marcha un movimiento que conquistó la independencia del País. Cuando se le preguntó dónde nació su fe en lo imposible, siendo creyente hindú contestó: "El anuncio de Jesús, tal como yo lo entiendo, está resumido en el Sermón de la Montaña. Si sólo tuviese frente a mi el Sermón de la Montaña y mi propia interpretación me bastaría y podría afirmar que soy cristiano.“

En esta línea cabe también mencionar la revolución no violenta en Europa Oriental. Muchos en Polonia, Alemania Oriental, Checoslovaquia, se armaron de fuerza y valor para luchar contra la violencia y contra la mentalidad de mantener la división meditando el Sermón de la Montaña; cuando Michael Gorbatschov con su Perestroika y Glasnost abrió la primera grieta al sistema cerrado, cristianos valientes tomaron la iniciativa del cambio para romper con el sistema que dividía al mundo en bloques.

Lo imposible se hizo posible en Sudáfrica, cuando el Presidente Willem de Klerk, blanco-africano conservador, anunció el fin del Apartheid y puso en libertad a Nelson Mandela, incansable luchador por la libertad, después de décadas en prisión. Y cuando Mandela llegó a ser el presidente del País rompió con la lógica imperante hasta entonces: no oprimió a ninguno de los opresores ni propago venganzas, sino la reconciliación.

En la misma Iglesia se constata a lo largo de su historia que en momentos de necesidad han surgido mujeres y hombres valientes que remiten al fundamento: el Evangelio, rompiendo esquemas de pensamientos anquilosados. Francisco recuperó al Jesús de Nazaret pobre en una iglesia poderosa y feudal recordándole que los pobres son sus primeros destinatarios. Juan XXIII abrió las puertas y ventanas de la Iglesia con la convocatoria al Concilio Vaticano II. La Iglesia latinoamericana rompió con la praxis de 500 años de Patronato con Medellín y Puebla haciendo posible el cambio de lugar: alejarse de los ricos y poderosos para ponerse al lado de los pobres como una nueva forma de “ser Iglesia”.

Hay necesidad que surjan personas que rompan con la lógica del poder – en la política, en la sociedad, en la Iglesia. Los ejemplos mencionados muestran que la conversión es posible. Depende de nosotros si queremos colaborar para esta transformación.

Andreas Müller OFM

 


Desde el Centro CCFMC

Reunión de la Junta directiva internacional en Frascati: Exposiciones

A este Encuentro fueron invitados Hermanas y Hermanos que están al día con la teología y la espiritualidad franciscanas de cara a los desafíos de la actualidad. En este número de CCFMC-News y en los próximos publicamos resúmenes de sus exposiciones. Aquí se trata de la presentación que ofreció el Profesor Mario Cayota:

“Visiones de los laicos franciscanos en la Iglesia y el mundo”

¿Qué papel juega hoy en día el Movimiento de laicos franciscanos en la Iglesia católica y en el mundo y qué roles podría o debería jugar? ¿Qué desafíos debe asumir frente a la realidad en la Iglesia y el mundo? Con estas y otras interrogantes desarrolló su tema el Profesor Mario Cayota, Embajador de Uruguay ante la Santa Sede, ante los participantes a la reunión de la Junta Directiva internacional del CCFMC celebrada en Frascati a finales de octubre del 2009. Mario Cayota es miembro de la Tercera Orden Secular, historiador, profesor universitario y autor de varias obras sobre historia de la misión franciscana en América Latina; él fue Presidente del Partido Demócrata Cristiano y ejerció la Presidencia de la Junta Departamental de Montevideo, Uruguay. A continuación resumimos el contenido básico de la exposición de este prominente miembro del Movimiento de Laicos franciscanos. El tema completo está a disposición para bajarlo de la red.

Para mirar nuestro presente de iglesia y la situación en el mundo es necesario mirar hacia el pasado eligiendo como inicio el Concilio Vaticano II, afirma Cayota. En aquel entonces ya existían “corrientes teológicas fermentales y vigorosas” pero que se encontraban bastante constreñidas en sus ámbitos. Lógicamente estaban expuestas a las limitaciones de ese tiempo. Nombró como ejemplos al movimiento de renovación litúrgica prohibido por Roma que propuso las llamadas “misas dialogadas”, en la cual las lecturas debían leerse en latín y luego en la lengua vernácula; el movimiento de los sacerdotes obreros, a quienes se les prohibió continuar su experiencia; célebres teólogos como Rahner, Cheng, Schillebeeckx, de Lubac y Congar, que fueron advertidos o condenados al silencio por el Vaticano.

El Concilio Vaticano II y sus logros están estrechamente ligados con la persona del Cardenal Celso Constantini, según la opinión de Cayota. Él gozó de la confianza estrecha del Papa Juan XXIII; era cercano a las ideas del Padre Antonio Rosmini, que en su tiempo fueron reprobadas, pero que fue beatificado hace poco. “En la actualidad está casi olvidado el Documento de 1939 en el que él anticipa la Convocatoria de un Concilio y en el que formula unas tesis que luego sirvió de base y fundamento para la visión y reformas del Concilio Vaticano II”, según afirmaciones de Cayota. Por todo ello los “preciosos frutos” de este Concilio deben verse como “el comienzo y no como culminación” de un movimiento de renovación. Esta valoración es muy controversial en la Iglesia de hoy pues conlleva consecuencias de mucho peso: ¿Fue el Concilio un punto culminante o un comienzo? La respuesta toca el fundamento de la Iglesia. Muchos ejemplos demuestran que no hubo ninguna ruptura a partir del Concilio, sino continuidad. Un ejemplo son las comunidades eclesiales de base en Brasil.

“...Yo estoy convencido que el Concilio Vaticano II está inconcluso, refiriéndome no en su desarrollo doctrinario, sino en su aplicación práctica. Esto se evidencia claramente en relación al tema de los laicos. En los documentos conciliares hay muchos hermosos pensamientos al respecto. Pero en la actualidad los laicos no ocupamos el lugar que nos corresponde, ni somos oídos”. Con esta afirmación Mario Cayota entró en el centro de su tema – el papel de los laicos en la Iglesia. Los laicos no deberían conformarse con la situación presente. Al contrario, deben actuar con responsabilidad y ocupar el sitio que les corresponde. “Nosotros debemos estar simplemente ahí donde el Concilio nos colocó”, acentuó Cayota. Esto vale de forma especial para los laicos franciscanos, para la Tercera Orden Secular.

Es lamentable constatar que en la actualidad existe una tendencia a “clericalizar” nuevamente al laico. En el excelente documento de Aparecida no existe ninguna referencia al papel y compromiso de los laicos en el mundo, pese a que este tema hubiese sido digno de todo un capítulo. Tampoco aparece ninguna mención del tema de los laicos cristianos en la última Encíclica del Papa Benedicto XVI “Caritas in veritate”; esto es mucho más sorprendente tratándose de una Encíclica eminentemente social donde dice que “nuestra tarea es ser testigos en el mundo del amor en la verdad”.

Según Mario Cayota, es necesario fortalecer dentro del Movimiento de laicos franciscanos la propia espiritualidad desde la fuerza que brota al asumir las responsabilidades sociales. Él aboga a que los teólogos laicos asuman las tareas que los sacerdotes y obispos han realizado para los laicos hasta hoy. Para ello es importante superar la afirmación que sostiene que solo en Europa puede hacerse teología competentemente. Un ejemplo lamentable de esta mentalidad fue, entre otros casos, el trato dado a la teología de la liberación. La colonización cultural, afirma Cayota, “es la peor de todas”.

Una de las tareas imprescindibles de un franciscano en el presente es testimoniar que no ha muerto la “opción por los pobres”, sino todo lo contrario, esta opción es “siempre actual porque nace del corazón mismo del Evangelio. Para nosotros los franciscanos se trata de una opción histórica y existencial”. En este contexto él lanzó un llamado urgente a los sacerdotes, religiosas y religiosos franciscanas para que, según las recomendaciones de los documentos conciliares y la exhortación del Papa “Christifideles laici”, promuevan el compromiso de los laicos, particularmente de los integrantes de la Orden Franciscana Seglar en la acción social y política.

En este contexto también es ineludible conocer bien el carisma franciscano. Y para ello el CCFMC representa una ayuda invalorable, apunta Mario Cayota. “Debemos utilizar este medio extraordinario, para poder crecer desde una espiritualidad autentica y así evitar caer en ciertos espiritualismos que nos alejan del camino verdadero”.

Entre los grandes desafíos que el mundo actual pone al laico franciscano no sólo está el compromiso social, aún cuando éste tenga prioridad frente al aumento de la extrema pobreza, sino también la cuestión de la genética, la industria farmacéutica transnacional, la problemática de la migración, el fundamentalismo. Una cuestión de mucha importancia y peso es el papel de la mujer en la sociedad y en la Iglesia. Los documentos conciliares nos invitan a dar respuestas adecuadas.

Para concluir, Mario Cayota planteó la pregunta sobre cuál es la tarea del laico franciscano hoy. Su respuesta: “Debemos ser testigos de Jesús en el mundo ... La palabra mártir significa literalmente testigo. Seamos capaces con nuestro “martirio” de ser luz y sal en el mundo en que nos toca vivir...”.

Download:

http://www.ccfmc.net/wEspanol/ccfmc/bibliothek/charisma/Visiones_Cayota.shtml?navid=103

http://www.ccfmc.net/wEspanol/ccfmc/bibliothek/charisma/Visiones_Cayota.pdf

 

Trabajo en grupos

A continuación, después del tema expuesto por Cayota se discutió y profundizó en grupos sobre su contenido y retos presentados por él. Desde su experiencia como profesor universitario él planteó a los grupos las preguntas siguientes:

·     ¿Qué respuestas se dan frente al consumismo y al individualismo? ¿Bastará solamente con dar una respuesta personal?

·     ¿Cómo se puede apoyar a aquellos movimientos sociales que asumen los valores sociales como sus propios objetivos?

·     ¿Con qué posibilidades de continuidad cuenta la profecía franciscana, que ha jugado un papel tan importante a lo largo de la historia?

·     ¿Cómo puede lograrse la formación continua de los laicos?

·     ¿Cómo poder continuar la lucha contra la pobreza?

·     ¿Qué posibilidades existen para la promoción de la mujer?

·     ¿Cómo puede ser vivida la espiritualidad francis-clareana en el siglo XXI?

En los grupos se llegó muy pronto a la conclusión que no es nada fácil evaluar la propia vida como franciscana o franciscano desde estas preguntas. Siendo honestos y sinceros, debemos comprobar en primer lugar que también nos dejamos tentar por el individualismo y por la sociedad de consumo actual y por ello muchas veces no somos libres o independientes en nuestras propias decisiones. La respuesta franciscana debe ser la vida en fraternidad, en la cual todos somos conscientes que deberíamos ser ejemplo testimonial de moderación, persistencia, y de una conducta no consumista sino respetuosa de los recursos disponibles, sobre todo tomando en cuenta el rápido aumento de personas que viven en pobreza absoluta, las amenazas de catástrofes climáticas si no cambiamos la conducta consumista, o frente al abismo que se sigue abriendo entre ricos y pobres.

Se analizó críticamente la formación espiritual en la Familia franciscana, que muchas veces es anticuada y formalista y no toma en cuenta los problemas actuales. Esto vale sobre todo para la formación de los miembros de la Tercera Orden; sobre este análisis hubo consenso. “El mundo de los laicos debe ser desclericalizado”, esto es, la solución no puede consistir en seguir esperando al sacerdote. “Necesitamos más laicos formados”. El Curso del Carisma franciscano es un instrumento apropiado y valioso para lograr esta meta. El nos ayuda a reconocer o redescubrir la riqueza de la espiritualidad franciscana y a traducirla a nuestro tiempo para que podamos confrontarnos con la realidad y poder dar respuesta a los desafíos de hoy. Necesitamos mujeres y hombres dispuestos a testimoniar su vocación franciscana; personas que no entiendan esta vocación como camino para buscar la felicidad individual sino como tarea para transformar este mundo en un lugar más justo. Para ello son necesarias nuevas redes que nos unan con todos los distintos movimientos y organizaciones comprometidas por la paz, la justicia y la conservación de la Creación, para que sientan nuestra presencia y que sepan que tomamos en serio nuestra misión franciscana. Hay muchos ejemplos que demuestran que el CCFMC puede conducir exactamente a esta meta, cuando hermanas y hermanos asumen el coraje de comprender de esta forma su “servicio al mundo”.

 

Haiti: informe de los franciscanos desde la zona del terremoto

Los Hermanos franciscanos que trabajan en Haití informan desde la zona devastada por el terremoto en este país caribeño: enormes daños materiales en las obras y casas, pero a Dios gracias, sin ninguna víctima. Estos Hermanos (OFM) pertenecen a una fundación de la Provincia de Centroamérica y Panamá. El Superior regional es Fr. Sergio Fallas, quien también es miembro del Consejo de la Provincia.

Las tres casas de los Hermanos OFM están en la ciudad capital Port-au-Prince: la casa Saint-Alexandre quedó totalmente destruida, la parroquia “Cruz de Misión” y el convento de los Hermanos sufrieron daños considerables. Solamente una casa en la periferia de la ciudad quedo en pie.

Las noticias desde Haití fueron reenviadas por el Custodio de los Franciscanos de la Región de El Caribe, Fr. A. Darío Carrero, con sede en Puerto Rico. El se encontraba en Haití en el momento del terremoto y pudo tomar fotos y escribir unas notas informativas que dan una idea de la extrema magnitud del siniestro y sobre los daños a las casas de los franciscanos.

No hemos podido tener informaciones directas sobre cómo están las demás comunidades de la Familia franciscana, sobre todo sobre la situación de los innumerables miembros de la OFS. Tampoco hemos logrado filtrar esa información desde el material que han publicado las grandes instituciones de ayuda. Solo esperamos que todos hayan corrido con la misma buena suerte como los Hermanos OFM.

Estamos sinceramente conmovidos por este dolor sin medida en tantos seres humanos y expresamos nuestra profunda solidaridad a las Hermanas y Hermanos en Haití. Esperamos y oramos para que se llenen de coraje y ánimo para recomenzar nuevamente.

Con un saludo cordial de Paz y Bien,

El Equipo del Centro CCFMC en Würzburg

 


Descalzos siguiendo la huellas de Jesús

Experiencia de Cristo y seguimiento de Francisco de Asís

Fr. Niklaus Kuster OFMCap


7 „forma vivendi"

 

El núcleo de la forma de vida franciscana

El texto más antiguo que se conoce de Francisco ofrece una bella clave de comprensión de toda su espiritualidad que se expande en relaciones ricas e intensivas desde el seguimiento de Cristo. Clara, en los primeros tiempos de su fraternidad, pide al Hermano que resuma en pocas palabras la forma de vida. El Poverello redacta condensadamente en una sola frase su experiencia de asombro vivido en San Damián en el año 1212. Más tarde aplica esta visión de vida cristiana, con su libertad y su riqueza, a toda forma de vida de fe y la desarrolla en la Carta a todos los creyentes.

Impulsado por el amor, Francisco escribió la forma de vida de la siguiente manera:

Ya que por divina inspiración os habéis hecho hijas y siervas del altísimo y sumo Rey, el Padre celestial, y os habéis desposado con el Espíritu Santo, eligiendo vivir según la perfección del santo Evangelio, quiero y prometo tener siempre, por mí mismo y por mis hermanos, un cuidado amoroso y una solicitud especial de vosotras como de ellos”. (FVCI)

La estructura interna de esta forma de vida se clarifica más cuando conecta esta frase un tanto complicada con los sujetos actuantes y es redactada en un bosquejo:

En escritos posteriores se muestra esta espiritualidad – vivida por las Hermanas de Clara y descrita por Francisco – como camino para todo creyente cualquiera que fuese su forma de vida. En la Carta a todos los creyentes se desarrolla la relación con Cristo y una intimidad triple:

„Y sobre todos ellos y ellas, mientras hagan tales cosas y perseveren hasta el fin, descansará el espíritu del Señor y hará en ellos habitación y morada. Y serán hijos del Padre celestial, cuyas obras hacen. Y son esposos, hermanos y madres de nuestro Señor Jesucristo. Somos esposos cuando, por el Espíritu Santo, el alma fiel se une a Jesucristo. Somos ciertamente hermanos cuando hacemos la voluntad de su Padre, que está en el cielo; madres, cuando lo llevamos en nuestro corazón y en nuestro cuerpo, por el amor y por una conciencia pura y sincera; y lo damos a luz por medio de obras santas, que deben iluminar a los otros como ejemplo (CtaF2 48-53).

NOTA: Esta es la penúltima parte de artículo más completo sobre espiritualidad franciscana del Hno. Niklaus Kuster. En diciembre publicamos la última parte por razones de temática, pues se adaptaba mejor al tiempo de la Navidad. El artículo completo puede ser bajado de la red desde la referencia siguiente:

Download:

http://www.ccfmc.net/wEspanol/ccfmc/bibliothek/charisma/Kuster_Text.shtml?navid=103

http://www.ccfmc.net/wEspanol/ccfmc/bibliothek/charisma/Kuster_Text.pdf