Navidad del año 2009
Emmanuel – las estaciones en el camino hacia Betlehem
Tú, que creaste el mundo,
movido por el amor
te haces tú mismo creatura.
Tú, que llamas a la vida a toda creatura,
te dejas dar vida en el vientre de una mujer
Tú, a quien el universo no puede abarcar,
te haces vida terrenal – tan minúscula como una chispa
Tú, que formaste la Creacion y todo lo que
existe en ella,
te dejas formar en el cuerpo de una mujer
Tú, Altísimo, Señor del Universo,
sólo quieres ser hijo modesto de carpintero
Tú, Señor de todo, Rey del mundo,
te conviertes en el hijo de una familia pobre en una tierra ocupada
Tú, poseedor de todo,
te topas sólo con puertas cerradas en las calles de Belén
Tú, quien no excluyes a ningún ser
humano de tu amor,
naces como excluido en una cueva
Tú, que riges toda la historia del mundo,
eres puesto sobre una cuna de paja recogida por pastores
Tú, que eres el único que puede saciar
nuestra sed de vida,
calmas tu sed mamando en el pecho de tu madre
Tú, que eres la sabiduría y conoces toda
obra,
lloras como niño envuelto en pañales
Tú, que conduces los pasos del mundo
hasta su realización final,
aprendes a caminar tomado de la mano de María
Tú, que desde la Creación y la historia nos
cotejas en tu amor,
te haces hermano para mostrarnos cómo empieza el futuro de Dios
Hno. Niklaus Kuster ofmcap
„… Se nos fue dado el santísimo y amado Niño, nacido en el camino y puesto en un establo porque no le dieron posada!“
Oficio de Navidad de San Francisco
Con nuestros corazones agradecidos por la fidelidad que siempre nos han mostrado en este camino de búsqueda en el que vamos juntos queremos expresarles nuestros mejores deseos en esta Navidad y en la llegada del Nuevo Año. Quiera el Señor de la humildad infinita encontrar un lugar en nuestro corazón para que podamos ser mediadores de su presencia amorosa en este mundo.
Les desea cordialmente el Equipo CCFMC
Patricia Hoffmann, Hedwig Maurer, Andreas Müller OFM y Wolfgang Schömig
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Descalzos siguiendo las huellas de Jesús – Experiencia de Cristo y seguimiento de Francisco de Asís Hno. Niklaus Kuster OFMCap |
Asombro sobre la cercania de Dios a este mundo
Las huellas de Jesús condujeron al Hermano itinerante, a más tardar en el año 1220, hasta Belén – en cuerpo y alma. Su lucha contra las cruzadas fracasó en el campamento del frente cristiano, pero triunfó al otro lado del Nilo, cuando se ganó la amistad del Sultán Malik al Kamil. Éste permitió al Poverello moverse libremente hacia Palestina. Una vez de regreso en Europa, buscó nuevos caminos para que hasta los campesinos de Italia vivieran la experiencia de los campos pastoriles de Belén: interiormente y exteriormente. La Fiesta de Navidad de Greccio había de entrar en la historia. Francisco escenificó el nacimiento de Jesús de forma tan plástica que con ello inició la tradición de los pesebres. El Hermano pasó la fría temporada de Adviento del 1223 con algunos de sus compañeros en un eremitorio en Greccio, el cual consistía en una gruta sobre el valle de Rieti, que gozaba una vista panorámica abierta y espléndida sobre el valle, hasta las faldas de los Montes Sabini al norte de Roma.
Tiempos de silencio luego de semanas de viaje permiten reposar para retrabajar interiormente lo vivido. Al mismo tiempo crean un espacio para beber agua de las fuentes profundas y estar a sólas con Dios. Francisco quiere ser como su maestro: ir a Dios cuando se retira de los demás, e ir a los demás, cuando se retira de Dios (ver Mc 1, 21-39). El biógrafo recoge en su escrito esa fiesta de navidad especial, agregando una anotación significativa: “En asidua meditación recordaba sus palabras y con agudísima consideración repasaba sus obras. Tenía tan presente en su memoria la humildad de la encarnación y la caridad de la pasión, que difícilmente quería pensar en otra cosa”. Asombrado por los caminos del Señor en este mundo, el Poverello se presta a preparar la Fiesta de la Navidad junto con un amigo noble de la región, dos semanas antes de su celebración. Deseaba recordar de manera sensual a ellos y al pueblo de Dios el amor y la humildad de Dios. Y de hecho, la gente acude en la noche santa, con antorchas en sus manos, hasta la gruta de los Hermanos para contemplar al niño envuelto en pañales, acomodado sobre un lecho de paja, entre un buey y un asno. En la Celebración de la Eucaristía desde este pesebre de navidad vivo, Francisco proclama el Evangelio que le da una tonalidad viva a todo: al pesebre, la paja, los animales, el niño recien nacido y la gente congregada alrededor. Tanto en ese entonces como ahora, tal como concluye la descripción de esa fiesta conmovedora “el Niño Jesús nació de nuevo en el corazón de muchos” (1 C 84-87).

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